lunes, 3 de septiembre de 2018

Niñez invisible - Análisis de un poema de Tejada Gómez


A continuación compartimos una producción escrita por una alumna del ISFD y T n. 35 para la materia LIJ, del profesor Andrés Delgado. Junio del 2018.






La letra de la canción “Hay  un niño en la calle”, de Calle 13, es originalmente un poema del escritor mendocino Armando Tejada Gómez (1929-1992). Dicho poema es una representación social de la niñez que apela a  la visibilización de la cruda realidad de los niños que viven en la calle.
El contexto social, nacional y mundial en el que el poeta escribió esta obra fue el siglo XX, siglo caracterizado por un estrepitoso avance tecnológico y bélico y el desarrollo de modos de producción que, tras la Revolución Industrial, aparejaron una cantidad de consecuencias sociales de desigualdad, explotación laboral y exclusión que aún hoy no se han saldado. Dicho contexto define a la sensibilidad sobre la infancia que caracteriza al texto de Tejada Gómez como forma específica de pensar la vida de los niños, con sus características particulares, sus rasgos distintivos, como seres que requieren el cuidado de adultos responsables; la niñez entendida como una etapa de la vida con estatuto propio de vital importancia para el devenir de la sociedad en su conjunto. Hoy el poema es leído en un mundo globalizado en el que la brecha entre las teorías de igualdad que sentaron las bases para la legislación de los derechos de la niñez y la realidad concreta ha derivado en una situación compleja para la infancia contemporánea.
El poema hace alusión directa a un concepto de gran importancia a la hora de definir y delimitar lo que entendemos como niñez: el lugar de la infancia. Según el texto de Silvia Finocchio y Nancy Romero el lugar de la infancia en tanto espacios públicos y domésticos que ellos habitaran, se puso en discusión a mediados del siglo XIX conforme se difundieron nuevas costumbres en las clases medias, como proveer al niño de un cuarto con estética propia. Este fenómeno se replicó en las instituciones escolares que paulatinamente lo pusieron en práctica, adoptando nuevos posicionamientos pedagógicos que postulaban, entre otras cosas, que “el banco debe adaptarse al niño y no el niño al banco” convergiendo en la necesidad de diferenciar el mobiliario de los niños del universo adulto, acordando que de esa manera se beneficiaba el desarrollo favorable de cada niñx. Ahora bien, cada una de estas variables se desvanece a la hora de enfrentarse con la realidad que ilustra Tejada Gómez:
A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle….
¡Hay un niño en la calle!
Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.
Lugares adecuados para el desarrollo de la infancia versus un no lugar, o, en todo caso, un lugar muy singular y hostil: la calle. ¿Cómo sostener las teorías de desarrollo óptimo si hay niños en la calle? Se apela a la responsabilidad de los adultos por cada niño del mundo. Pero el poema no se refiere a una responsabilidad individual, focalizada solamente en el núcleo familiar primario, por el contrario, hace foco en la responsabilidad social y colectiva de ser conscientes de la crucial importancia de proveer a esos niños vulnerables de sus derechos, y también, implícitamente, se hace foco en la no mercantilización de los derechos de la infancia, que son ilustrados como “su increíble aventura de pan y chocolate”. La construcción social de la niñez, en este poema, radica en la afirmación de que nada tiene sentido si un solo niño vive en la calle. Ese niño, víctima de las consecuencias trágicas en la estructura social argentina de mediados del S. XX, ese “sujeto de derecho” simbólicamente se desarma frente a la posibilidad fatal de que un solo niño duerma sin techo. Y a su vez, en la versión musical del mismo, Calle 13 le pone palabras y cuerpo a ese niño que tiene hambre y que tiene todo lo tóxico de la sociedad metido adentro. Ese niño que no es niño para el mercado porque roba o trabaja y consume drogas, pero no deja de ser inocente, y juega con aviones de papel, juega solo, sin ir a la escuela. Ese niño que denuncia que la industria y la cultura de consumo neoliberal invisibiliza al pobre, despojándolo de su propia niñez. Se repite “a esta hora exactamente hay un niño en la calle” apelando a toda una sociedad que esconde a los pobres para no verlos y eso sucede a cada instante. Es notable la metáfora “golpeándonos el pecho con un ala cansada”, porque en definitiva la libertad del ser humano se muere con ese niño que no puede volar, y pide que lo miren. La canción entera es un lamento que denuncia hipocresía y dolor de multitudes.
Precisamente esta desigualdad y esta noción de niño como sujeto de derecho conforman las bases de la fundamentación del DC del nivel secundario. Lo novedoso entonces, y el cambio de paradigma tal vez más destacable es que bajo estas premisas la infancia construye ciudadanía, poniendo en evidencia las prácticas sociales y las condiciones preexistentes de los niños, que se desarrollan en un mundo intercultural globalizado con altas dosis de desigualdad, diversidad sexual y cultural que configuran un escenario complejo a la hora de proponer un proyecto pedagógico que aporte al mejor desarrollo posible de cada una de las subjetividades de la infancia:
(…) Una de las concepciones que fundamentan este tránsito educativo es la asunción de los niños, adolescentes y jóvenes como sujetos de derecho. Es dentro de este paradigma de interpretación de los actores sociales que se piensa y se interpela al joven como un actor completo, un sujeto pleno, con derechos y con capacidad de ejercer y construir ciudadanía. (…)
La ciudadanía se ejerce desde las prácticas particulares de grupos y sujetos sociales. Estas prácticas ciudadanas son entonces prácticas que ponen al descubierto la trama de las relaciones sociales y por lo tanto la conflictividad de las interacciones. Desde la perspectiva que se adopta en este Diseño Curricular, la noción de interculturalidad se entrelaza con la concepción de ciudadanía para enfrentar los desafíos que implica educar en un contexto de diversidad cultural, diferencia social y desigualdad económica, y actuar en el terreno de las relaciones sociales entendidas como producto del conflicto y no de la pasividad de la convivencia de los distintos grupos sociales y culturales.
Diseño Curricular para el nivel Secundario, p. 13.
El niño de la calle construye ciudadanía. Y el DC también, invisibilizándolo.

2 comentarios:

  1. Muy buen aporte sobre la niñez y la pobreza. Existe una ONG: Proyecto 7, que trabaja hace muchos años con la gente en situación de calle tiene un lema "la calle no es lugar para vivir". Nunca más claro, la dignidad que genera tener una casa, un espacio para vivir es uno de los derechos mas vulnerados en estos días.

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  2. https://www.youtube.com/watch?v=h0Bi0lPqXTs

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