A continuación compartimos una producción escrita por una alumna del ISFD y T n. 35 para la materia LIJ, del profesor Andrés Delgado. Junio del 2018.
La
letra de la canción “Hay un niño en la
calle”, de Calle 13, es originalmente un poema del escritor mendocino Armando
Tejada Gómez (1929-1992). Dicho poema es una representación social de la niñez
que apela a la visibilización de la
cruda realidad de los niños que viven en la calle.
El
contexto social, nacional y mundial en el que el poeta escribió esta obra fue
el siglo XX, siglo caracterizado por un estrepitoso avance tecnológico y bélico
y el desarrollo de modos de producción que, tras la Revolución Industrial,
aparejaron una cantidad de consecuencias sociales de desigualdad, explotación
laboral y exclusión que aún hoy no se han saldado. Dicho contexto define a la sensibilidad sobre
la infancia que caracteriza al texto de Tejada Gómez como forma específica de
pensar la vida de los niños, con sus características particulares, sus rasgos
distintivos, como seres que requieren el cuidado de adultos responsables; la
niñez entendida como una etapa de la vida con estatuto propio de vital
importancia para el devenir de la sociedad en su conjunto. Hoy el poema es
leído en un mundo globalizado en el que la brecha entre las teorías de igualdad
que sentaron las bases para la legislación de los derechos de la niñez y la
realidad concreta ha derivado en una situación compleja para la infancia
contemporánea.
El
poema hace alusión directa a un concepto de gran importancia a la hora de
definir y delimitar lo que entendemos como niñez: el lugar de la infancia.
Según el texto de Silvia Finocchio y Nancy Romero el lugar de la infancia en
tanto espacios públicos y domésticos que ellos habitaran, se puso en discusión
a mediados del siglo XIX conforme se difundieron nuevas costumbres en las
clases medias, como proveer al niño de un cuarto con estética propia. Este
fenómeno se replicó en las instituciones escolares que paulatinamente lo pusieron
en práctica, adoptando nuevos posicionamientos pedagógicos que postulaban,
entre otras cosas, que “el banco debe adaptarse al niño y no el niño al banco”
convergiendo en la necesidad de diferenciar el mobiliario de los niños del
universo adulto, acordando que de esa manera se beneficiaba el desarrollo
favorable de cada niñx. Ahora bien, cada una de estas variables se desvanece a
la hora de enfrentarse con la realidad que ilustra Tejada Gómez:
A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle….
¡Hay un niño en la calle!
Es honra de los hombres
proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia
dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su
corazón de barco,
Su increíble aventura de pan
y chocolate
Poniéndole una estrella en
el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de
otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la
alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay
un niño en la calle.
Lugares adecuados para el
desarrollo de la infancia versus un no lugar, o, en todo caso, un lugar muy
singular y hostil: la calle. ¿Cómo sostener las teorías de desarrollo óptimo si
hay niños en la calle? Se apela a la responsabilidad de los adultos por cada
niño del mundo. Pero el poema no se refiere a una responsabilidad individual,
focalizada solamente en el núcleo familiar primario, por el contrario, hace foco
en la responsabilidad social y colectiva de ser conscientes de la crucial
importancia de proveer a esos niños vulnerables de sus derechos, y también,
implícitamente, se hace foco en la no mercantilización de los derechos de la
infancia, que son ilustrados como “su increíble aventura de pan y chocolate”.
La construcción social de la niñez, en este poema, radica en la afirmación de
que nada tiene sentido si un solo niño vive en la calle. Ese niño, víctima de
las consecuencias trágicas en la estructura social argentina de mediados del S.
XX, ese “sujeto de derecho” simbólicamente se desarma frente a la posibilidad
fatal de que un solo niño duerma sin techo. Y a su vez, en la versión musical
del mismo, Calle 13 le pone palabras y cuerpo a ese niño que tiene hambre y que
tiene todo lo tóxico de la sociedad metido adentro. Ese niño que no es niño
para el mercado porque roba o trabaja y consume drogas, pero no deja de ser
inocente, y juega con aviones de papel, juega solo, sin ir a la escuela. Ese
niño que denuncia que la industria y la cultura de consumo neoliberal
invisibiliza al pobre, despojándolo de su propia niñez. Se repite “a esta hora
exactamente hay un niño en la calle” apelando a toda una sociedad que esconde a
los pobres para no verlos y eso sucede a cada instante. Es notable la metáfora
“golpeándonos el pecho con un ala cansada”, porque en definitiva la libertad
del ser humano se muere con ese niño que no puede volar, y pide que lo miren.
La canción entera es un lamento que denuncia hipocresía y dolor de multitudes.
Precisamente esta desigualdad
y esta noción de niño como sujeto de derecho conforman las bases de la
fundamentación del DC del nivel secundario. Lo novedoso entonces, y el cambio
de paradigma tal vez más destacable es que bajo estas premisas la infancia
construye ciudadanía, poniendo en evidencia las prácticas sociales y las
condiciones preexistentes de los niños, que se desarrollan en un mundo
intercultural globalizado con altas dosis de desigualdad, diversidad sexual y
cultural que configuran un escenario complejo a la hora de proponer un proyecto
pedagógico que aporte al mejor desarrollo posible de cada una de las
subjetividades de la infancia:
(…) Una de las concepciones que fundamentan este tránsito
educativo es la asunción de los niños, adolescentes y jóvenes como sujetos de
derecho. Es dentro de este paradigma de interpretación de los actores sociales
que se piensa y se interpela al joven como un actor completo, un sujeto pleno,
con derechos y con capacidad de ejercer y construir ciudadanía. (…)
La ciudadanía se ejerce desde las prácticas particulares
de grupos y sujetos sociales. Estas prácticas ciudadanas son entonces prácticas
que ponen al descubierto la trama de las relaciones sociales y por lo tanto la
conflictividad de las interacciones. Desde la perspectiva que se adopta en este
Diseño Curricular, la noción de interculturalidad se entrelaza con la
concepción de ciudadanía para enfrentar los desafíos que implica educar en un
contexto de diversidad cultural, diferencia social y desigualdad económica, y
actuar en el terreno de las relaciones sociales entendidas como producto del
conflicto y no de la pasividad de la convivencia de los distintos grupos
sociales y culturales.
Diseño Curricular para el nivel Secundario, p. 13.
El
niño de la calle construye ciudadanía. Y el DC también, invisibilizándolo.

Muy buen aporte sobre la niñez y la pobreza. Existe una ONG: Proyecto 7, que trabaja hace muchos años con la gente en situación de calle tiene un lema "la calle no es lugar para vivir". Nunca más claro, la dignidad que genera tener una casa, un espacio para vivir es uno de los derechos mas vulnerados en estos días.
ResponderEliminarhttps://www.youtube.com/watch?v=h0Bi0lPqXTs
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