viernes, 7 de septiembre de 2018

Un cuento de hadas publicado en 1837, digno de leer y volver a leer:

Autor: Hans Christian Andersen

Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.
No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.
La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.
-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.
Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.
«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».
El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.
Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».
-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.
-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.
-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.
Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.
Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.
-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.
-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.
Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.
-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.
«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».
-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.
Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.
El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.
Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!
Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:
-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto… Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.
-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.
-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?
Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.
-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!
-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle – anunció el maestro de Ceremonias.
-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? – y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.
Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:
-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!
Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.
-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.
-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.
-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!
-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.
Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.
FIN

lunes, 3 de septiembre de 2018

Niñez invisible - Análisis de un poema de Tejada Gómez


A continuación compartimos una producción escrita por una alumna del ISFD y T n. 35 para la materia LIJ, del profesor Andrés Delgado. Junio del 2018.






La letra de la canción “Hay  un niño en la calle”, de Calle 13, es originalmente un poema del escritor mendocino Armando Tejada Gómez (1929-1992). Dicho poema es una representación social de la niñez que apela a  la visibilización de la cruda realidad de los niños que viven en la calle.
El contexto social, nacional y mundial en el que el poeta escribió esta obra fue el siglo XX, siglo caracterizado por un estrepitoso avance tecnológico y bélico y el desarrollo de modos de producción que, tras la Revolución Industrial, aparejaron una cantidad de consecuencias sociales de desigualdad, explotación laboral y exclusión que aún hoy no se han saldado. Dicho contexto define a la sensibilidad sobre la infancia que caracteriza al texto de Tejada Gómez como forma específica de pensar la vida de los niños, con sus características particulares, sus rasgos distintivos, como seres que requieren el cuidado de adultos responsables; la niñez entendida como una etapa de la vida con estatuto propio de vital importancia para el devenir de la sociedad en su conjunto. Hoy el poema es leído en un mundo globalizado en el que la brecha entre las teorías de igualdad que sentaron las bases para la legislación de los derechos de la niñez y la realidad concreta ha derivado en una situación compleja para la infancia contemporánea.
El poema hace alusión directa a un concepto de gran importancia a la hora de definir y delimitar lo que entendemos como niñez: el lugar de la infancia. Según el texto de Silvia Finocchio y Nancy Romero el lugar de la infancia en tanto espacios públicos y domésticos que ellos habitaran, se puso en discusión a mediados del siglo XIX conforme se difundieron nuevas costumbres en las clases medias, como proveer al niño de un cuarto con estética propia. Este fenómeno se replicó en las instituciones escolares que paulatinamente lo pusieron en práctica, adoptando nuevos posicionamientos pedagógicos que postulaban, entre otras cosas, que “el banco debe adaptarse al niño y no el niño al banco” convergiendo en la necesidad de diferenciar el mobiliario de los niños del universo adulto, acordando que de esa manera se beneficiaba el desarrollo favorable de cada niñx. Ahora bien, cada una de estas variables se desvanece a la hora de enfrentarse con la realidad que ilustra Tejada Gómez:
A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle….
¡Hay un niño en la calle!
Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.
Lugares adecuados para el desarrollo de la infancia versus un no lugar, o, en todo caso, un lugar muy singular y hostil: la calle. ¿Cómo sostener las teorías de desarrollo óptimo si hay niños en la calle? Se apela a la responsabilidad de los adultos por cada niño del mundo. Pero el poema no se refiere a una responsabilidad individual, focalizada solamente en el núcleo familiar primario, por el contrario, hace foco en la responsabilidad social y colectiva de ser conscientes de la crucial importancia de proveer a esos niños vulnerables de sus derechos, y también, implícitamente, se hace foco en la no mercantilización de los derechos de la infancia, que son ilustrados como “su increíble aventura de pan y chocolate”. La construcción social de la niñez, en este poema, radica en la afirmación de que nada tiene sentido si un solo niño vive en la calle. Ese niño, víctima de las consecuencias trágicas en la estructura social argentina de mediados del S. XX, ese “sujeto de derecho” simbólicamente se desarma frente a la posibilidad fatal de que un solo niño duerma sin techo. Y a su vez, en la versión musical del mismo, Calle 13 le pone palabras y cuerpo a ese niño que tiene hambre y que tiene todo lo tóxico de la sociedad metido adentro. Ese niño que no es niño para el mercado porque roba o trabaja y consume drogas, pero no deja de ser inocente, y juega con aviones de papel, juega solo, sin ir a la escuela. Ese niño que denuncia que la industria y la cultura de consumo neoliberal invisibiliza al pobre, despojándolo de su propia niñez. Se repite “a esta hora exactamente hay un niño en la calle” apelando a toda una sociedad que esconde a los pobres para no verlos y eso sucede a cada instante. Es notable la metáfora “golpeándonos el pecho con un ala cansada”, porque en definitiva la libertad del ser humano se muere con ese niño que no puede volar, y pide que lo miren. La canción entera es un lamento que denuncia hipocresía y dolor de multitudes.
Precisamente esta desigualdad y esta noción de niño como sujeto de derecho conforman las bases de la fundamentación del DC del nivel secundario. Lo novedoso entonces, y el cambio de paradigma tal vez más destacable es que bajo estas premisas la infancia construye ciudadanía, poniendo en evidencia las prácticas sociales y las condiciones preexistentes de los niños, que se desarrollan en un mundo intercultural globalizado con altas dosis de desigualdad, diversidad sexual y cultural que configuran un escenario complejo a la hora de proponer un proyecto pedagógico que aporte al mejor desarrollo posible de cada una de las subjetividades de la infancia:
(…) Una de las concepciones que fundamentan este tránsito educativo es la asunción de los niños, adolescentes y jóvenes como sujetos de derecho. Es dentro de este paradigma de interpretación de los actores sociales que se piensa y se interpela al joven como un actor completo, un sujeto pleno, con derechos y con capacidad de ejercer y construir ciudadanía. (…)
La ciudadanía se ejerce desde las prácticas particulares de grupos y sujetos sociales. Estas prácticas ciudadanas son entonces prácticas que ponen al descubierto la trama de las relaciones sociales y por lo tanto la conflictividad de las interacciones. Desde la perspectiva que se adopta en este Diseño Curricular, la noción de interculturalidad se entrelaza con la concepción de ciudadanía para enfrentar los desafíos que implica educar en un contexto de diversidad cultural, diferencia social y desigualdad económica, y actuar en el terreno de las relaciones sociales entendidas como producto del conflicto y no de la pasividad de la convivencia de los distintos grupos sociales y culturales.
Diseño Curricular para el nivel Secundario, p. 13.
El niño de la calle construye ciudadanía. Y el DC también, invisibilizándolo.

lunes, 6 de agosto de 2018

Las infantas de Lina Meruane y su relación con el público joven







      Las infantas de Lina Meruane tiene naturalmente fundamentos para constituirse en parte del canon de la literatura infantil y juvenil, sin embargo, una distinción de edades es pertinente aquí.
       Los jóvenes y adolescentes encontrarán un refugio más grande en la obra de Meruane que los niños; asimismo aprehenderan mejor el contenido y lo que la autora intenta expresar.
       Esta afirmación se basa en el tratamiento que hace la autora acerca de fenómenos propios del paso de la adolescencia a la adultez, como la separación de los padres, el camino autónomo, la sexualidad como tema fuera del tabú, y otros tantos.
       La forma que tiene Meruane de escribir acerca de estos temas contiene una crudeza y honestidad que no es fácil de encontrar; asmimismo hace de cada uno de sus relatos una experiencia interesante al lector, y si el mismo experimenta una identificación a los temas tratados, mayor curiosidad le despertará, y mayor interés en la obra va a tener.
       La recepción del lector ante la obra es un factor importante a la hora de discernir entre buenas obras y obras propias del canon de cualquier género o ámbito, en Las Infantas de Lina Meruane el público jóven y adolescente está propenso a sentirse identificado, y con razón, ya que es una obra que propone analizar situaciones símiles a las que vive cualquier sujeto en ese rango de edades, y generar un aprendizaje a través de ello.
       De tal modo es importante que el público joven pueda comenzar a realizar multiples lectures sobre múltiples textos e historias, esto es, que reconstruyan la imagen que tienen sobre los personajes en los cuentos clásicos y fantásticos que ciertamente han sido de alguna manera mostrados por todas las compañias desde una sola perspectiva, y que en Las Infantas toman otros significados, otras responsabilidades, otras atribuciones, más humanas, mas identificables a lo real, y asimismo al lector.
       Sin embargo y citando indirectamente a María Teresa Andruetto, en ocasiones para considerar canon a una obra, hay que revisar quién la escribió, verdaderamente esto es una falacia (como Andruetto también menciona), ya que muchos textos brillantes no son considerados importantes porque no han sido escritos por una persona de renombre en el campo de la literatura, en cambio, libros que poco tienen de significativo pero son escritores por personas de renombre, son considerados más cercanos al canon, o parte de él.
Por lo tanto, el canon de la literatura infantil como de cualquier otra, debería estar más ligado a la calidad de los textos y no a la importancia mediática o comercial, es necesario un cambio de paradigma en ese sentido.
       Como se ha mencionado, Las Infantas de Meruane es un texto muy rico a la hora de recomendar textos a jóvenes y adolescentes, pero sin embargo no es un nombre altamente comercial o citado en magnitud de grandes lugares culturales, lo que resulta una contradicción, ya que el espesor de su obra es brillante,  y de manera anticonvencional es un libro que deja mucho para reflexionar y repensar el lugar de los personajes clásicos y el paso a la vida adulta.
       En suma, Las Infantas constituye un rico material de reflexión para el público lector joven y adolescente, invita a pensar el mundo desde una perspectiva mas cruda, pero que no debe porque dejar de ser atractiva; la obra propone la interpretación múltiple, el rompimiento de tabúes en la literatura juvenil, formas de experimentar  la transición al mundo adulto, de realizar catársis de sus problemas, de ayudar a explorar el camino de la vida, y tantos otros procesos; es por esta conjunción de factores que la obra puede ser considerada para integrar el canon de la literatura infantojuvenil, pero como se ha resaltado, ciertamente para el público adolescente y que circula alrededor de ese rango de edad.

jueves, 26 de julio de 2018

Clásicos literarios: La invención de Morel



      Cuando en 1940 Adolfo Bioy Casares escribió la novela La invención de Morel  no imaginó la repercusión que iría a tener a futuro en las mentes de personas influyentes de la cultura general a través del mundo: músicos, productores de cine, creadores de videojuegos, ensayistas, teóricos sociales y económicos, e incluso inventores han mostrado respetos y elogiado su obra.

     Y eso no es todo, la visión del autor logró coincidir con la historia de la humanidad que le procedería. La producción de hologramas altamente diseñados y predicciones de índole social (como por ejemplo la letalidad de los efectos radioactivos en las personas y su relación con las tragedias de Hiroshima, Nagasaki, y Chernobyl) tuvieron alusión en este título.

       La trama consiste en el diario de un fugitivo que se esconde en una isla desierta, donde con el correr del tiempo observa una serie de eventos que no tienen explicación lógica. La confusión del protagonista comienza al intentar interactuar con turistas que han arribado a la isla, éstos no hacen ningún tipo de caso o muestran reacción alguna a sus acciones o palabras.

        El proceder de la obra es algo que los escritores de éste blog invitan a averiguar a los lectores,  con la intención  de no adelantar el desenlace de la trama.  La invención de Morel es un clásico de la literatura argentina y un título que no debería faltar en ninguna biblioteca de nuestro país.

viernes, 20 de julio de 2018

La biblioteca - Roberto Juarroz



El aire es allí diferente.
Está erizado todo por una corriente
Que no viene de este o aquel texto,
Sino que los enlaza a todos
Como un círculo mágico.
El silencio es allí diferente.
Todo el amor reunido, todo el miedo reunido,
Todo el pensar reunido, casi toda la muerte,
Casi toda la vida y además todo el sueño
Que pudo despejarse del árbol de la noche.
Y el sonido es allí diferente.
Hay que aprender a oírlo
Como se oye una música sin ningún instrumento,
Algo que se desliza entre las hojas,
Las imágenes, la escritura y el blanco.
Pero más allá de la memoria y los signos que la imitan,
Más allá de  los fantasmas y los Ángeles que copian la memoria
Y desdibujan los contornos del tiempo,
Que además carece de dibujo,
La biblioteca es el lugar que espera.
Tal vez sea la espera de todos los hombres,
porque también los hombres son allí diferentes.
O tal vez sea la espera de que todo lo escrito
Vuelva nuevamente a escribirse,
Pero de alguna otra forma, en algún otro mundo,
Por alguien parecido a los hombres,
Cuando los hombres ya no existan.
O tal vez sea tan solo la espera
De que todos los libros se abran de repente,
Como una metafísica consigna,
Para que se haga de golpe la suma de toda la lectura,
Ese encuentro mayor que quizá salve al hombre.
Pero, sobre todo, la biblioteca es una espera
Que va más allá de letra,
Más allá del abismo.
La espera concentrada de acabar con la espera,
De ser más que la espera,
De ser más que los libros,
De ser más que la muerte.
                                            

BNMM Digital

https://www.bn.gov.ar/colecciones-digitales/publicaciones

Para comenzar a navegar por el mar de la lectura dejamos aquí la Biblioteca Digital Mariano Moreno.

Un cuento de hadas publicado en 1837, digno de leer y volver a leer:

Autor: Hans Christian Andersen Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en ...